Placeres superpuestos.

 

 

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Misivas incendiarias.

 

 

Con pulso firme y seguro,

una mano imprime trazos

encadenando en palabras

el fuego de unas pasiones,

desatándose el instinto

que embelesa y estremece

los cuerpos a él entregados

desde un soporte inflamable.

 

Epístolas infectadas

por tintes libidinosos

y que trasmiten la fiebre

a todo aquel que las toca.

Requiebros de la sintaxis

que propagan el incendio

como reclamo a esa furia

que mora siempre entre llamas.

 

Es como un viento que aviva

los rescoldos silenciosos

que acechan entre cenizas

aparentemente inertes.

Un soplo que, por el aire,

se delata en el sonido,

se manifiesta en impacto

y se trasmuta en fluidos.

 

Rincón abreviado.

 

 

Con relativa frecuencia, tendemos a perdernos en lo accesorio, ha centrar demasiado nuestra atención sobre algunos detalles claramente prescindibles, dejando de lado; de un modo, en mi opinión, osadamente imprudente; aquello que resulta más básico y relevante. Distraídos con las formas nos olvidamos del fondo. En virtud a esta circunstancia, me parece un ejercicio bastante sano pararnos, de tanto en tanto, a valorar qué es aquello a lo que, en modo alguno, estamos dispuestos a renunciar y hacerlo objetivamente; sin circunloquios ni vagos argumentos; para…, de este modo, ser capaces de recordarnos a nosotros mismos dónde radica la esencia de lo verdaderamente importante.

El rincón que hoy os ofrezco puede parecer, a primera vista, bastante ruinoso y más bien ramplón. Pero, cuando lo sometemos a un examen desapasionado y objetivo, somos capaces de constatar en él no pocas virtudes. Resulta luminoso, acogedor y ofrece un techo bajo el cual poder cobijarse. Así mismo, su simplicidad nos libera de estorbos y contribuye a que se pueda conservar limpio y ordenado. ¿Se os ocurre que alguna de las cualidades de las que carece habría de superar en importancia a las que ya he enumerado?

Que disfrutéis todos de una muy feliz; y “depurada”, jornada de domingo.

 

Manzanas.

 

 

Un olor a manzana; a medio camino entre lo dulce de los frutos más recientes y lo amargo de aquellos que, más tempranos, comienzan ya a estropearse; impregna estos días muchas localidades qarpadias. La abundante y excelente calidad de la cosecha de este año anuncia un tiempo de justificada dicha para todos los amantes de esta fruta y sus derivados.

Como muchos ya sabréis, el otoño es una época impregnada de un enorme simbolismo dentro de los límites que conforman “la nación invisible” (por otro lado, muy ligada siempre a los ciclos naturales), aunque, en el caso que nos ocupa, salgan a relucir otro tipo de connotaciones, y es que; concretamente, este fruto al que me estoy refiriendo; guarda una estrecha relación con un episodio muy sustancial de la iconografía bíblica. La manzana ha quedado ligada; a través de una variada muestra de representaciones artísticas; al relato del pecado original, convirtiéndose, de paso, en la prueba de cargo de un flagrante delito de desobediencia para con la divinidad, a la vez que fuente del discernimiento entre el bien y el mal. Para lo qarpadios (independientemente de las creencias religiosas que pudieran expresar) este pasaje de las sagradas escrituras ofrece una segunda lectura más en sintonía con el precepto del libre albedrío y las consecuencias que pudieran derivarse del sentido que se dé a su uso.

 

 

Existen, y existirán siempre, tentaciones de todo tipo y para todos los gustos y; aunque ceder a los influjos de alguna de ellas; no se traduce, a priori, en un acto claramente censurable en el seno de esta atípica sociedad, eso no excluye la incuestionable realidad de que cada acción lleva aparejadas sus propias secuelas. En consonancia con esta premisa, no suelen ser recibidos de buen grado los pretextos encaminados a eludir la responsabilidad que pudiera derivarse de las mismas ni, tampoco, las lamentaciones sobrevenidas tras constatar sus efectos menos amables.

 

 

Por todo lo anterior, durante estos días de recolección intensiva, no son pocas las comarcas en las que; dentro de un contexto festivo y, en buena medida, desenfadado; se entremezcla el componente bucólico tan inherente a la actividad agrícola con otro de índole algo más trascendente y enfocado a recordarnos el precio de nuestras decisiones. Y…, para que todo lo anterior resulte más tangible si cabe, no habrán de escasear “tentaciones” con las que medir nuestras capacidades para la evaluación, el discernimiento y la coherencia para con nuestras  resoluciones.

 

 

Recurso de amparo.

 

 

Cuando se rompe el discurso

y la verdad se retuerce

bajo prismas interesados,

mi voz viene a expresarte

mi innegable compromiso

de seguir siempre a tu lado.

 

Cuando se intuye el conflicto,

se alejan las posiciones

y el futuro es secuestrado,

sabes que cuentas conmigo

para suplir el vacío

y abrigarte con mi abrazo.

 

Cuando el ruido se desborda

y anega con sus detritos

esperanza y voluntades,

ten por seguro el camino

que, tiempo atrás, escogiste

y que habrá quien te acompañe.

 

Cuando recelos absurdos,

esgrimidos como excusa,

pongan en riesgo tu viaje,

puedo afirmar convencido

que haremos piña, sin duda,

para seguir adelante.