Soledades y adhesiones.

 

 

Al lanzarme a la aventura

en pos de una nueva patria

pesaron mucho carencias

que a mi espíritu agraviaban.

 

Desde un tiempo me notaba

empujado a todas horas

a ocuparme con apremio

de obligaciones ajenas,

saturado por consejos

de los mismos que esgrimían

las excusas más variadas

para eludir sus tareas.

 

Si tocaba rendir cuentas

todo el mundo escurría el bulto,

olvidando valentías

y negando sus discursos.

 

Así, tan acompañado,

tan integrado en el grupo,

al final, me hallaba solo

frente a tanto compromiso,

sin que nadie me brindara

una oportuna herramienta

que me aliviara de cargos

ya por otros asumidos.

 

Por suerte, hoy, ya está claro

y presumo de experiencia,

así que el favor que otorgo

lo disfruta quien lo aprecia.

 

 

Rincón indiscreto.

Desde que tengo uso de razón, siempre me he sentido inclinado (no sé si acertadamente o no) a considerarme como una persona bastante observadora. No obstante, ha sido más recientemente cuando me he percatado de que, dicha cualidad, requiere, en situaciones concretas, de una buena dosis de indiscreción. Así es, sin duda, cuando resulta del todo imposible recabar información si hemos de estar atendiendo a determinados formalismos protocolarios.

El buen observador no debe perder detalle de todo cuanto sucede a su alrededor y, en ese sentido, pasa a convertirse, en cierta forma, en una especie de mirón. Como este término lleva aparejado por definición un innegable grado de descaro, entiendo que pueda haber quienes se sientan un tanto incómodos cuando se ven obligados a compartir su espacio con un individuo dotado de tan controvertida virtud.

De cualquier modo, tal y como podéis apreciar, he tenido la suerte de poder dar con un rinconcito perfectamente equipado en el que poder dar rienda suelta a mis innatas capacidades de voyeur.

Espero que…, al igual que yo, todos estéis disfrutando de una feliz, y “contemplativa”, jornada de domingo.

Expectación.

En el ánimo de los qarpadios comienza a percibirse una cierta agitación y un inequívoco impulso dirigido a adoptar todos aquellos usos más propios de las épocas que cuentan con un clima de una naturaleza claramente benigna. Si bien la cíclica precisión del calendario pudiera arrojar bastantes esperanzas en ese sentido; la realidad ambiental, en cambio, parece empeñada en frenar tal suerte de expectativas.

No obstante, determinadas ansias no suelen ser de atender demasiado a la razón y, frente a según qué apremios, conviene buscar un modo de darles salida, sin llegar a recurrir, eso sí, a dudosos sustitutivos de escasa valía a nivel práctico.

Todo parece indicar, empero, que aún tendremos que esperar un poco para poder desprendernos de nuestros abrigos y dedicar nuestras horas a disfrutar de todas esas actividades que tanto nos gusta practicar al aire libre.

Entente.

 

 

Ciertos códigos se esconden

entre gestos manifiestos

y visten de cotidiano

lo que, en verdad, es secreto.

 

Algoritmos compartidos

y encriptados por detalles

que, aunque se ven, se camuflan

vestidos de accidentales.

 

Nacen del compromiso

que define a los aliados,

que comparten sin tapujos

lo que al resto se les hurta,

y en la común singladura

que emprenden hayan el modo

de hacer de su compañía

una clara hoja de ruta.

 

Cómplices del momento,

hermanados sin fisuras,

acometen sus proyectos

sin despreciar la ternura.

 

Y de ese idioma callado,

de ese lenguaje inferido,

surgirán nuevos vocablos

que prescindan del oído.