Rincón atrincherado.

 

 

No pretendo resultar pesado ni, tampoco, echar mano constantemente al socorrido recurso de ponerme a hablar del tiempo. Pero…, vistas las actuales condiciones; al menos por estos contornos; se hace bastante difícil pensar en otra cosa que no sea huir de la intensa canícula que tan repentinamente nos ha sobrevenido.

Urge en todo momento buscar un lugar a resguardo donde poder continuar; en la medida de nuestras posibilidades; con nuestras acostumbradas rutinas sin exponerse a sufrir repentinos desvanecimientos. Así que…, sin ánimo alguno de resultar un incordio; si os estáis viendo inmersos en circunstancias similares; insisto en sugeriros que os pongáis a resguardo.

Que disfrutéis todos de una feliz, y “guarecida”, jornada de domingo.

 

Geometría del instante.

 

 

El estío no ha hecho más que comenzar y ya está dejando caer sobre nosotros todo el peso de sus rigores. Nada tiene de extraño que, en tales circunstancias, se aproveche cualquier método que tengamos a mano para intentar refrescar un tanto nuestros sofocados cuerpos.

En eso estaba yo, precisamente, cuando observé como una joven, a través de un sencillo y cotidiano gesto, imprimía con su cabellos una fugaz pincelada en el tiempo, un gráfico y fluido ejemplo de divina proporción, activando, de paso, toda una serie de reflexiones en el interior de mi mente, mientras trascendía el aparente desorden vegetal que nos servía de escenario para adentrarse en el orden geométrico que subyace en todas las cosas.

 

Inercia y deriva.

 

 

Confiamos, sí, en la inercia.

A ella encomendamos nuestra esperanza.

Un pequeño impulso inicial

y todo vendrá rodado – pensamos.

– Una vez efectuado el arranque

no tendremos de qué preocuparnos.

Pero esa fuerza ni es eterna ni constante

ni, tampoco, la única con la que vamos a encontrarnos.

 

Cuando dejamos a la marea imponer su criterio,

cuando confundimos lo posible con lo probable,

de poco sirve aquel empuje originario,

y, desvanecido su ímpetu,

quedamos a merced de las corrientes y los vientos

que obrarán a su capricho sin cuidarse de nosotros.

 

De ser así, puede ser que el azar venga a socorrernos;

algunas veces, muy pocas;

mas la deriva se presenta dotada de inercia propia

y…, si se ven enfrentadas, la nuestra no saldrá muy bien parada.

 

 

Confines.

 

 

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. ¿Entonces…, para qué sirve la utopía? Pues…, para eso. Para caminar.

 

Eduardo Galeano. (Periodista y escritor uruguayo)

 

Rincón emparrado.

 

 

Los que ya vais conociendo un poco la forma en que se desarrollan las cosas por aquí, sabréis que, para los qarpadios, vivir en plenitud el presente no es que sea lo más importante, pero casi.

En tal sentido, no sólo aprovechan la más mínima oportunidad que se les brinda para llevar a efecto esta particular y autoimpuesta encomienda, sino que van un paso más allá, hasta elevarla, prácticamente, a la categoría de arte. Ningún detalle, por pequeño que sea, parece resultar accesorio cuando de lo que se trata es de exaltar la efímera belleza del momento en cualquiera de sus vertientes.

Esa es la razón por la cual no resulta complicado dar con rincones de diversa índole (como pudiera ser el caso de este) que son capaces de trasmitir e inspirar una variada gama de emociones.

Qué disfrutéis todos de una muy feliz, y “enriquecedora”, jornada de domingo.