Referentes.

 

 

No es posible dividir a los seres humanos entre quienes adoran y quienes no lo hacen. Todo el mundo adora; la cuestión es… ¿a qué, o a quién, adoramos?

 

Paul David Tripp. (Teólogo y escritor norteamericano)

 

Rincón en la espesura

 

 

Antes de ensancharse y pasar a convertirse en parte de la llanura Brilaria, el valle del Tágalo cuenta con escarpados paisajes cubiertos de una exuberante vegetación propiciada por el característico clima subtropical que impera en el área del mar Sélico.

La accidentada orografía del lugar favorece la existencia de rincones como este que os traigo, encaramados sobre las abruptas y frondosas pendientes.

Estos emplazamientos no resultan, empero, del agrado de todos; especialmente entre quienes no sienten demasiado aprecio por aquellos entornos con un elevado grado de humedad. Aunque, por otro lado, este hecho; unido a la naturaleza indómita y un tanto asilvestrada del medio; puede propiciar la aparición de arrebatos pasionales con algún que otro toque de desenfreno salvaje.

Que disfrutéis todos de una feliz, y “umbría”, jornada de domingo.

 

 

Inputs.

 

 

Siempre y cuando nuestras necesidades básicas permanezcan cubiertas, las personas no solemos necesitar gran cosa. Una pose, una fragancia, una palabra oportunamente escogida, un guiño, un rincón que nos cobije brevemente, una mirada, un pequeño gesto compartido, la luz de un momento…, detalles (a veces, casi imperceptibles) capaces de cambiarlo todo. Instantes en los que nos damos cuenta de que la realidad; para bien o para mal; también resulta maleable.

Hace mucho tiempo que tengo muy presente esa circunstancia, y…, últimamente, más si cabe. La alternativa vital que me ha proporcionado Qarpadia, me ha abierto los ojos en muchos sentidos (la mayoría insospechados) en tanto me sugería nuevos planteamientos y desafíos. Ahora me siento mucho más inclinado a percibir todos esos sutiles incentivos cotidianos, a extraer de ellos la esencia con que enriquecer mis jornadas, a aprovechar ese pequeño empujoncito que son capaces de conferir y que, en ocasiones, puede marcar una gran diferencia.

¿Por qué entonces,  –  me pregunto – no he sido capaz hasta ahora de gozar en plenitud de tales beneficios? Por mucho que me devane los sesos, no alcanzo a obtener una respuesta convincente y definitiva. Puede que se trate del lugar, del ambiente que en él se respira, de la actitud desplegada por las personas que me rodean. Puede que se trate de una mezcla de todas esas cosas o que la respuesta a esa cuestión se encuentre en mi interior, agazapada, esperando siempre al momento más oportuno para manifestarse.

Pero, al mismo tiempo, también he estado barajando la posibilidad de que todo lo anterior resultara irrelevante y que la única acción, realmente productiva en ese sentido, fuera la de empaparse del presente; sin tener demasiado en cuenta lo que pudieran llegar a pensar los demás o, tan siquiera, nosotros mismos. Obrar con honestidad hacia nuestros principios pero sin cerrarse en banda a cuanto nos llega de modo fortuito. Observar e intentar disfrutar de lo observado. Dejar un espacio en nuestras celdas de memoria para poder procesar nuevos datos.

 

Sala de espera.

 

 

Hilos de piedra

con los que tejer un verso lujurioso.

Metales ceñidos

como traje con que invocar al pecado.

Instantes pesados

como lingotes de plomo.

Aliento encendido

como fragua de Vulcano.

 

Fiebre que se expande

sin barreras que la acoten.

Germen voluptuoso

en un terreno abonado.

Crispación que, pretendida,

se convierte en accesorio.

Valor que se muestra firme

en el momento adecuado.

 

Fluidez incontenida

frente a estímulos internos.

Instrumentos diseñados

con afanes intrusivos.

Antesala del instinto

desatado en su apretura.

Preaviso de la venida

de desenlaces concisos.

 

Seguridades inciertas,

ignorancia definida,

reflexión frente a la puerta

que da la sala contigua.