Rincón torrentera.

 

 

Agua y sombra. Una combinación perfecta para sortear con éxito las horas más sofocantes y pesadas del verano. Si…, partiendo de estas bases, ponemos un poquito de empeño en acondicionar el entorno, ya podremos disfrutar de un espacio razonablemente fresco y, ciertamente, resultón.

Además, quienes echen de menos la canícula resultante de permanecer expuestos bajo el sol, siempre contarán con la oportunidad de protagonizar alguna tórrida escena que contribuya a aumentar la temperatura del momento.

Que disfrutéis todos de muy feliz, y “resguardada”, jornada de domingo.

 

Minimalismo estival.

 

 

No son necesarios grandes despliegues a la hora de hacer bueno aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”. Así, mediante una simple instantánea, es posible activar en nuestro cerebro los mecanismos necesarios que nos trasladan a unas circunstancias y momentos concretos. Cuanto más simple… mejor, de este modo el rango de entendimiento se aumenta considerablemente, haciéndolo fácilmente reconocible ante un amplio espectro de personas, con independencia del lugar en que residan o la cultura a la que pertenezcan.

 

A la escucha.

 

 

Escucho las tristezas de tu ayer.

Escucho la congoja que arrastrabas.

Escucho ese temor

y ese miedo a caer

en el vacío perpetuo

que sólo agrava tu sed.

 

Escucho la llamada de tu piel.

Escucho las caricias que regalas.

También escucho el plan

que trazaste sin querer

y todas las esperanzas

que confesaste tener.

 

Escucho el nuevo impulso que llegó.

Escucho esa sonrisa dibujada.

Escucho la intensidad

que parte de la emoción

de verte al fin reflejada

en esa definición.

 

Ya empiezo a entender,

ya alcanzo a entrever,

torpemente, no más,

el verbo de tu ser.