Retomando el pulso.

 

Otoño a las puertas

 

Mientas somos testigos de los últimos coletazos estivales, toca ir recuperando viejos hábitos; posiblemente, menos desenfadados que los que veníamos desplegando hasta hace bien poco y, por otra parte, bastante más centrados en la consecución de objetivos más prosaicos. Las agujas del reloj tienden a recuperar buena parte del protagonismo que les habíamos sustraído durante el verano y; paulatinamente, de manera insoslayable; vamos adentrándonos de nuevo por entre los conocidos paisajes de nuestras acostumbradas rutinas.

 

 

Existen, no obstante, diversos grados de rutina y…; aunque todo pueda ser calificado como episódico cuando se le aplica un baremo temporal lo suficientemente amplio; algunas de ellas no dejan de resultarnos tentadoras y apetecibles cuando estamos dispuestos a respetar las pausas pertinentes y ceñirnos al ritmo que resulte más apropiado a cada secuencia.

 

 

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Esa otra parte de ti.

 

 

Puede parecer un pretexto,

una forma subrepticia

de lidiar con la rutina.

Una evasión pasajera,

ilusoria y sin futuro,

que puebla las horas muertas

mientras se espera un milagro.

 

Así será en algún caso;

si es que vence la apatía

y se presentan confusos

antojos y realidades

que reniegan con vehemencia

y se enfrentan sin tapujos

dando a entender lo imposible

de un acuerdo entre las partes.

 

Pero…, en tu caso es distinto.

 

Tú no abrazaste una causa

ajena a ti por completo.

No te has sentido atraída

por los cantos de sirena

que encubren el merchandising.

No has claudicado al impulso

que se desprende del morbo

y que se esfuma al momento

de haberlo llevado a cabo.

 

Tú has sido fiel al dictamen

que tú misma te impusiste

y, con empeño y fortuna,

tu propio verso forjaste.

Y, ahora; al vestir las prendas

que, en otros cuerpos, adornan;

en realidad te desnudas

defendiendo tus verdades.

 

Reinvención.

Entre piedras cinceladas

por las manos de los hombres,

desgastadas por el tiempo

y pulidas por la historia,

se atisban ciertos caminos;

aparentemente antiguos;

que serpentean fluidos

repletos de novedades.

 

Del presente sedimento,

de su rocoso sustrato,

ha de brotar la simiente

de un futuro que despierta

para ofrecernos sus sueños

y sacudir la apatía

sin olvidar el pasado.

 

No por ser vieja esta senda

carece de utilidades

o de claves provechosas

para entender los influjos

que sobre el hoy intervienen

y, así, tender nuevos puentes

que salven los accidentes

que invalidan lo inventado.