Septimus.

 

 

Siete años ya (se dice pronto) enhebrando perversiones en vuestra compañía. Siente años en los que esta ciudad situada fuera de margen ha ido dotándose de una identidad; para bien o para mal; particular y distintiva. Ciudad a la que, como a cualquier lugar que se precie, hay quienes llegan, quienes se van y quienes retornan de nuevo. Mi más sincero agradecimiento a todos vosotros por estar ahí; delante de vuestras pantallas; acompañándome, compartiendo mis desvelos y trasmitiéndome vuestra complicidad. GRACIAS de todo corazón.

Así mismo, creo que estas “bodas de lana” son un buen momento para recordaros que todo cuanto aquí queda consignado está a vuestra entera disposición. No me supone ningún tipo de problema que compartáis, dónde y con quién gustéis, los textos de mi autoría que, de forma un tanto subrepticia, suelo ir deslizando. Si los dejo aquí es con el afán de hacerlos públicos y, por lo tanto, de libre divulgación. No es necesario que me estéis pidiendo permiso cada vez que querías trasladarlos a vuestros propios destinos. Con que hagáis referencia a su origen; cosa que siempre habéis hecho; me doy por satisfecho. Si esto resulta válido en lo tocante a mis propios escritos, tanto más, si cabe, en relación al resto de apuntes y galerías que comparto y que, aunque procedan de fuentes muy diversas, todas ellas han sido extraídas de esferas publicas a las que cualquier persona puede tener acceso.

Por otra parte, aquellos de vosotros que ya tenéis una ligera idea de las disposiciones que rigen esta urbe, estáis al corriente de la decisión que tomé el año pasado de no responder a vuestros comentarios salvo en ocasiones muy concretas. Equivocadamente o no, estimé más oportuno dedicar el poco tiempo de que dispongo a ofreceros, de un modo más continuo y habitual, unas pequeñas pinceladas de mi enrevesado enfoque vital en lugar de prestar más atención a la cuestión epistolar y  hacerlo de forma más esporádica. Quiero pensar que he acertado en mis apreciaciones, sobre todo sabiendo que esta utópica demarcación ha llegado a generar en muchos de vosotros, no voy a decir que una dependencia, pero sí cierto hábito al que no os gusta renunciar. Valiéndome de la ocasión tan especial que se me brinda en un día como hoy, me gustaría compensaros un poquito (sobre todo a aquellos que, sin rendirse al desanimo y a pesar de mis silencios, habéis continuado expresando aquí vuestra opinión) animándoos a que aprovechéis esta entrada para dejar constancia; si ese resulta ser vuestro deseo; de cómo valoráis la evolución de este sitio. Qué os gusta y qué no, qué os falta y qué os sobra, así cómo qué derroteros podría seguir, a vuestro juicio, a partir de ahora. No digo que, de manifestaros en se sentido, vaya a poner en práctica todas vuestras sugerencias, pero podéis estar bien seguros de que tomaré buena nota de ellas, pues… que no me prodigue demasiado a la hora de interactuar a través de vuestros comentarios no quiere decir que no los tenga en cuenta.

Por de pronto, poco más que contaros. A corto plazo, lo único que tengo en mente es llevar a efecto una profunda restructuración estilística del blog matriz (https://laciudadtraselsol.blogspot.com.es/); enfocada, principalmente; a facilitaros un mejor acceso a su contenido a todos cuantos accedéis a él vía android y que, de un tiempo a esta parte, he constatado que cada vez sois más numerosos.

Ya para terminar, agradeceros una vez más vuestra presencia, apoyo y fidelidad; motores todos ellos que me animan a continuar dando forma a este espacio tan inverosímil como personal.

Una y mil veces… ¡¡¡GRACIAS!!! Sin vosotros no sería posible que existiera una Ciudad tras el Sol.

 

 

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Lánguida tarde de otoño.

 

 

  • ¿Me acompañas? – dijo con aire de estar tramando algo.
  • ¿A dónde? – inquirí expectante.
  • Al bosque.
  • ¿Y eso? ¿No te parece que esta tarde se presenta un tanto gélida?
  • Al contrario. A mí me parece ideal para perderse un rato en la espesura.

Accedí; más que por ganas; por curiosidad. Sabía que ella era de barajar varios motivos cuando decidía emprender alguna iniciativa.

Después de un largo paseo por entre la arboleda tapizada de hojas secas, acompañados en todo momento por una fina y persistente llovizna, regresamos al coche para volver a casa mientras el ocaso principiaba a anunciarse. Por mucho que aquel escenario se estuviera oscureciendo a ojos vista, ella no daba demasiadas muestras de querer irse. Arrebujada en el asiento del conductor, sacó la cabeza por la ventanilla y aspiró con fuerza aquel aire impregnado con el olor de la vegetación y la tierra mojada.

  • ¿Te sigue pareciendo que hace frío? – preguntó pasado un rato.
  • La verdad es que sí. Diría, incluso, que más que cuando salimos. – respondí sin el menor atisbo de fingimiento.
  • En ese caso… conozco formas de entrar en calor.

 

Por tierra y por aire.

 

 

Un sabio sin apego a los peines

definió la distancia; y el tiempo;

como un valor relativo.

 

No sé qué pensar

de tan aventurada afirmación

inmerso en la pugna,

que media entre ambos,

por acumular más kilómetros

en nuestra cuenta personal.

 

Duelo bien desigual

en el que tú me aventajas,

de forma ostensible y clara,

con el aval de unos hitos,

según parece, arrendados.

 

¿Te has parado a pensar,

desde el más puro empirismo,

las veces en que…;

sumando tus pasos, unos tras otro;

tus sueños te han empujado

a bordear este mundo?

 

Sumida en ese pulso cartográfico;

íntimo y, hasta incluso, pretendido;

¿cuántos suspiros has ido dejando sembrados?

¿cuántos pensamientos has arrancado al olvido?

¿cuántos paisajes has visto solaparse?

¿cuántos temores han alfombrado el camino?

 

Son varios años de un viaje,

en diferentes sentidos,

que pasó de ser tedioso

a rebelarse plenario,

y…, en las escalas, que en pos del otro,

vamos marcando en el mapa,

plantamos la enseña con los colores

que escogimos al efecto de presidir la embajada

de un sentir que, aunque es errante,

no por ello es pasajero.

 

 

Rincón entablillado.

 

 

entablillar

  1. verbo transitivo

Sujetar un miembro con tablillas y un vendaje con el fin de  inmovilizar una fractura.

 

 

Todos (o, al menos, una inmensa mayoría) tenemos muy claro que en un contexto de emergencia, lo primero es minimizar; y reparar después en la medida de lo posible; los daños potenciales que pudieran presentarse. Cualquier otra consideración debería, como es lógico, pasar a un segundo plano.

Pese a todo lo anterior, frente a cualquier medida que; aunque necesaria y transitoria; pueda llegar a generarnos un cierto fastidio, siempre es posible, si se aplica sobre ella una cierta previsión, obtener alguna que otra contrapartida.

El rincón de esta semana quiere servir de ejemplo en este sentido y demostrar que lo que, a priori, se nos presenta como una limitación, también cuenta con la posibilidad de transformarse en una oportunidad. Todo dependerá del enfoque que le demos y del ánimo con que encaremos las restricciones a las que tengamos que hacer frente.

Que disfrutéis todos de una muy feliz, y “esperanzada”, jornada de domingo.