Rendirse a la evidencia.

 

Si nos olvidamos por un momento del componente lúbrico que tan bien define a los qarpadios; una de las cosas que, inicialmente, más nos llama la atención de su carácter es lo prácticos que tienden a mostrarse en relación a infinidad de cuestiones a las que solemos designar como “esenciales”. Imbuidos por un notable espíritu crítico, tienden a analizar, de manera curiosamente desapasionada, algunos de los asuntos considerados vitales e irrenunciables en otros entornos. Enemigos a ultranza de cualquier tipo de polémica gratuita, no son de desperdiciar su tiempo y sus energías en combatir lo evidente ni, tampoco, de sumirse en un desencanto victimista cuando las cosas no se desarrollan del modo que esperaban. Para ellos, el negacionismo nunca es una opción (por mucho que está particularidad suya se confunda muchas veces con el conformismo).

 

 

Obviamente; con independencia del lugar en que residamos; siempre se producirán situaciones gravosas o injustas en función al enfoque específico de cada cual; si bien, regodearse en la propia desdicha nunca se ha revelado como una herramienta demasiado útil. Lamentarse, por ejemplo, de la apariencia plomiza que manifiesta un cielo encapotado, no va a disipar las nubes y, desde luego, en modo alguno puede restar importancia a todo cuanto se extiende más allá de ellas. La sociedad qarpadia, en general, mantiene su mirada centrada en el presente; eso es muy cierto; pero también es verdad que ese presente siempre está cargado de matices. Permanecer anclados únicamente en lo negativo… ¿nos hace mejores personas? ¿Nos confiere algún derecho adicional apropiarnos del papel de eternos sufridores?

 

 

En más ocasiones de las que estaríamos dispuestos a reconocer, toda ayuda exterior resulta infructuosa (…y hasta contraproducente) cuando sus destinatarios se empeñan en ignorarla. A veces, una pequeña luz resulta más que suficiente para iluminar nuestro entorno más cercano, evitando así problemáticos tropiezos. Despreciarla por su sencillez y alcance limitado sería estar haciéndonos un flaco favor a nosotros mismos.

 

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