Cabotaje.

 

 

Sin perder de vista la costa. Desplazándose suavemente por un mar poco agitado. Descubriendo en la costa nuevos parajes claramente definidos por el sol de mediodía. Trazando, con aparente descuido, la estela de nuestro rumbo. Y, finalmente, al caer la tarde, buscar el abrigo de un propicio fondeadero y deleitarse con ese otro océano definido sobre nuestras cabezas en las despejadas noches de verano; mientras, de fondo, se deja escuchar el cadencioso sonido del aparejo y el murmullo del agua que acaricia los costados de nuestra nave.

 

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