Desenvoltura.

 

 

Fue tan solo un instante. Apenas un segundo en que nuestros cuerpos compartieron la misma posición relativa en el cosmos. Un fugaz cruce de caminos, igual de fortuito como lo son otros tantos.

Su presencia, breve y veloz, como una brisa súbita e inesperada, me regaló un rastro fragante y vaporoso que ejercía de apéndice a las ondas que iban describiendo su vestido y sus cabellos.

No llegué tan siquiera a contemplar su rostro, ni tampoco puse mucho empeño en desvelar  el misterio concerniente a su identidad. Me dio por pensar, en cambio, que…, sin ella saberlo, sin que se lo planteara ni remotamente, había servido de ejemplo tangible para personificar en mi mente un término bien dinámico.

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