Sala de espera.

 

 

Hilos de piedra

con los que tejer un verso lujurioso.

Metales ceñidos

como traje con que invocar al pecado.

Instantes pesados

como lingotes de plomo.

Aliento encendido

como fragua de Vulcano.

 

Fiebre que se expande

sin barreras que la acoten.

Germen voluptuoso

en un terreno abonado.

Crispación que, pretendida,

se convierte en accesorio.

Valor que se muestra firme

en el momento adecuado.

 

Fluidez incontenida

frente a estímulos internos.

Instrumentos diseñados

con afanes intrusivos.

Antesala del instinto

desatado en su apretura.

Preaviso de la venida

de desenlaces concisos.

 

Seguridades inciertas,

ignorancia definida,

reflexión frente a la puerta

que da la sala contigua.

 

 

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