Soledades y adhesiones.

 

 

Al lanzarme a la aventura

en pos de una nueva patria

pesaron mucho carencias

que a mi espíritu agraviaban.

 

Desde un tiempo me notaba

empujado a todas horas

a ocuparme con apremio

de obligaciones ajenas,

saturado por consejos

de los mismos que esgrimían

las excusas más variadas

para eludir sus tareas.

 

Si tocaba rendir cuentas

todo el mundo escurría el bulto,

olvidando valentías

y negando sus discursos.

 

Así, tan acompañado,

tan integrado en el grupo,

al final, me hallaba solo

frente a tanto compromiso,

sin que nadie me brindara

una oportuna herramienta

que me aliviara de cargos

ya por otros asumidos.

 

Por suerte, hoy, ya está claro

y presumo de experiencia,

así que el favor que otorgo

lo disfruta quien lo aprecia.

 

 

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